Anna Ferrer retrata el desasosiego de las grandes ciudades, tratando de hacer visibles sus ausencias y silencios; enfrentándonos a imágenes de avenidas, centros comerciales, parkings, aeropuertos, torres empresariales; lugares de impermanencia y anonimato, de experiencias asépticas y regulares, de placeres genéricos y tedio estandarizado, de esa sorda melancolía que huye por las autopistas y se esconde en los supermercados.